El poder de tu palabra

¿Sientes que cuando dices algo, la gente te cree o duda en primera instancia? Bien, esa es una consecuencia que es importante descubrir y antes que busques un culpable, sería bueno discernir que los hechos son más poderosos y lo más grave sucede cuando juras para sostener una «verdad».

En ciertos eventos de suma importancia, se suele hacer jurar a una persona para que hable con la verdad, más grave aún, lo cotidiano se volvió de suma importancia. Se vive en la modalidad de juramento frecuente, en un mundo sumergido en la «palabra débil» que necesita de algo más para ser creíble.

En la siguiente cita, nota como el poder de la palabra se evidencia cuando María es visitada por el ángel Gabriel, le comunica que ha sido elegida para concebir a Jesús (Hijo de Dios) y solo dos verbos fueron suficientes para María: creer y aceptar la palabra de Dios. Nunca María pidió al ángel que jurara por Dios.

Años después, el Señor Jesús (Hijo de Dios) enseñaría acerca de los juramentos:

Jesús y los juramentos

Mateo 5:33-37 RV 1960

El poder de Dios es de tanta majestad, que nunca obliga y por eso Jesús preguntó al encontrar una persona que paralítica ¿Quieres ser sano? (Juan 5:6), que revela como lo que se quiere en verdad, debe ser manifiesto a través de la palabra y es necesario para que un hecho suceda.

¿Cómo se puede explicar que el Señor Jesús teniendo tanto poder, nunca pidió a alguien que jurara por Dios cuando preguntó algo? EL podía ver el corazón y lo más profundo de los pensamientos, podría haber desvelado ante otros cuando alguien mentía, aún así no lo hizo y entonces, ¿Con qué autoridad se llega al error que alguien pida a otra persona que jure por algo?

Jurar o pedir juramentos, es producto de desconocer que el poder de la Palabra de Dios que supera cualquier cosa que digamos (tu y yo), no hace sentido jurar por algo que es mentira para hacerlo parecer verdad. Es de sabios hacer honor a lo que hablamos porque no se puede esconder absolutamente nada. No importa cuanto tiempo pase, tarde o temprano, una mentira nos pone en vergüenza y aunque juremos, los hechos saldrán a la luz. Sí lo que decimos es verdad, menos sentido tiene jurar por ello. Es pocas palabras, jurar en vano, es inútil.

Y quizás te preguntarás, entonces ¿Qué hacer cuando sientes que te dicen una mentira? Así como es tu responsabilidad hablar con la verdad sin necesidad de juramentos. De igual forma, deja que quien dice una mentira e incluso si jurara por ella, se encuentre con la necesidad de cambiar su hablar y actuar siendo coherente, hasta que su palabra retome el poder y mientras esto llega, asuma los hechos con sus consecuencias. Ni tu ni yo, podemos condenar o hacer prejuicio solicitando un juramento, pues cometemos pecado por hacer jurar en vano y no cambiará en nada la realidad. Te dejo esta inquietud ¿Quién demanda que se jure en un juicio, Dios o el hombre? Quienes creen en Dios, saben que la mentira trae su propia condena.

Uno de los beneficios que trae honrar tu palabra es la seguridad y confianza, es más sencillo de lo que imaginas, basta con decir la verdad. La mentira requiere pérdida de tiempo y genera angustia con altos perjuicios en la salud.

Y para esta época, te invito a pensar en ¿Quien no merece tu regalo?

Publicado por Zeneida S

Libre por la gracia y el amor de Dios.

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