El mundo vive tiempos difíciles de polarización, basta observar el comportamiento en redes, chats y medios de comunicación con manifestaciones de odio y posiciones extremas; donde el orgullo es protagonista, no como satisfacción de un logro; es una emoción que puede conducir a la arrogancia y/o la soberbia ¿Podemos evitarlo?
Asumir que una persona es orgullosa en el mal sentido para todo, sería erróneo. No se puede negar, que la manera de comunicamos, suele mostrar un antecedente de como nos comportamos y deja prever el orgullo contenido en nuestro carácter . Sí hacemos memoria, seguramente que en alguna o varias situaciones de la vida, tu y yo, pasamos por un comportamiento orgulloso, que nos alejó de la humildad e incluso se volvió en contra.
Es tan delicado describir las consecuencias del orgullo (negativo), que David, quien tenía el corazón conforme a Dios, lo menciona:
Dios no escucha al orgulloso
6 Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, Mas al altivo mira de lejos.
Salmo 138: 6 RV 1960
En general la sociedad suele desaprobar el comportamiento orgulloso; sin embargo, no siempre es así, en ocasiones suele pasar por otro tamiz que lleva al extremo y no permite evaluar objetivamente.
Antes de revisar como podríamos hacer de lado el orgullo (negativo), consideremos algunos pasos que ocurren previos a nuestra explosión de orgullo: la impotencia y la ira (rabia o enojo). La impotencia de querer cambiar algo y no poder, abre la puerta a la ira, que en su alta expresión da lugar a la arrogancia y podría elevarse hasta la soberbia.
«La arrogancia se refiere a una exagerada valoración de las propias capacidades y a una actitud de menosprecio hacia los demás, mientras que la soberbia es una forma más intensa y profunda de orgullo que implica un sentimiento de superioridad y un desprecio activo hacia los demás»
En ocasiones, los problemas del sistema de salud me llevan a sentir impotencia, que por más que busco una solución, se demora o no llega y manifiesto mi disgusto. En este punto, procuro respirar profundo para no traspasar la línea del respeto con las personas relacionadas a este servicio y trato de ponerme en su lugar, hablándole de tal forma que logre su atención, para promover una solución, aún sabiendo que no depende de ella, sino de decisiones de la compañía. Y recuerdo: Que son las personas quienes prestan el servicio (no es el nombre de la entidad), que ellos también son hijos de Dios y al ponerme en su lugar, mi disgusto empieza a bajar de intensidad.
Otro tema que genera revuelo en el mundo, es el comportamiento de los políticos y/o religiosos, entre otros, que avergüenzan con su proceder, lo que genera impotencia; más allá de sentirnos decepcionados y frustrarnos, no podemos condenarlos, ni maldecirlos -también son hijos de Dios-, finalmente cada quien recogerá lo que siembra. Es absolutamente innecesario y tonto, desear el mal y amenazar porque se nos devolverá en contra, mucho menos creernos mejor o superior a ellos.
¿Entonces que podemos hacer para llegar al entendimiento?
No depende de un solo lado; se requiere escucharnos, revisar los datos y hechos, ponernos en el lugar del otro y viceversa. Sí no hay disposición de uno de los lados, el esfuerzo no funciona, esto requiere honestidad, transparencia y verdad, estar dispuestos de ambos lados a aceptar y confesar el error o pecado. Al tratarse de asuntos personales, incluso es necesario escudriñar nuestra niñez, adolescencia hasta lo que somos y quebrantarnos, entendiendo que solemos cargar con el peso de situaciones que saturan y nos dejan en vergüenza. Ahora bien, buscar entendimiento no garantiza una solución perfecta, pero si nos evita acumular enemigos.
Desde niños hay una necesidad de ser aceptados y aprobados por la familia y la sociedad; cuando no ocurre, sale el caparazón de la dureza que no da el brazo a torcer y suele dirigir hacia el orgullo que se va encarnando en el espíritu, hasta volvernos en alguien de difícil aceptación.
¿De qué depende el grado de exposición con el orgullo que perjudica?
De que tan conocidos o famosos somos para los demás. Entre más responsabilidad se tiene desde casa, trabajo y sociedad, mayor vulnerabilidad tendremos a quedar en vergüenza por causa del orgullo.
¿Qué podríamos hacer para evitar caer en la arrogancia y/o la soberbia?
Buscar hablar con Dios diariamente, comunicar desde el respeto, procurar mantenernos en los datos y hechos, contener nuestra manera de responder aún cuando nos insulten y evitar generalizar. No es fácil porque luchamos con nuestro propio carácter, pero estando alertas al desvío, al hablar con Dios de todo (sin filtro), nos conduce al discernimiento, buscar su perdón y pedir su sabiduría, para que nunca nos mire de lejos.
La sabiduría contiene la soberbia
10 Ciertamente la soberbia concebirá contienda; Mas con los avisados está la sabiduría.
Proverbios 13:10 RV 1960
Lo que distingue la sabiduría
13 El temor de Jehová es aborrecer el mal; La soberbia y la arrogancia, el mal camino, Y la boca perversa, aborrezco.
Proverbios 8:13 RV1960
Todos podemos hacer algo ya, cortar con la indiferencia, no se trata de decir a todo sí para caer bien, se trata de coordinar y conectar primero nuestro corazón con Dios; como lo hizo David, que cometió pecado pero tuvo la madurez para aceptarlo y pedir perdón a Dios. Siempre vale más, pedir perdón a tiempo y tener el propósito de cambiar; o al menos, usar el análisis propio para evaluar si lo que queremos, pensamos, hablamos y hacemos nos conduce a un buen camino porque a ese camino, también arrastramos a los demás.
Te invito a darle una mirada a La carrera de las ratas y ¿Quién es verdaderamente sabio? Compártelos que quizás, alguien necesita verlo y te lo va a agradecer.
