¡¿Aplausos al presidente?!

De tu labor depende que el aplauso que recibas sea honesto y que tus aplausos salgan del corazón.

Algunos pocos tienen el privilegio de ser elegidos presidente de un país, otros en una compañía, muchos dirigen la familia y sin excepción, todos somos el jefe de nuestras vidas. Una representación que al final del tiempo, deja un legado de buen ejemplo o lo contrario. ¿Cuál será el premio?

Más allá de si llegamos a ser presidente, gerente, director u otro cargo de exigencia, lo importante es el legado que dejas a quienes aún sin conocerte, reconocen tus logros y la huella que se vuelve ejemplo; no porque seas perfecto, si no por los hechos que evidencian tus valores, donde el bien, lo correcto y lo justo está por encima del poder dado.

Aunque estuviéramos preparados para llevar a cabo la labor de un cargo designado, más allá del título, identifico tres puntos que marcan la diferencia:

  1. Lo que hacemos con los recursos que tenemos y cuando se logra empatía con las personas que te rodean, logrando que aportes a nuevos logros.
  2. Lo que hacemos cuando no logramos lo que más queremos, pese a ser el presidente, el gerente o el jefe, entre otros cargos, encontrando el rechazo a lo que proponemos.
  3. Lo que hacemos cuando nos retiran o se termina el periodo del cargo, respecto a la manera como entregamos los resultados, reconociendo nuestros errores y aciertos, dejando ver si existe agradecimiento en el corazón.

No se logra reconocimiento por obtener el título o haberlo asumido, se consolida por las obras y resultados cuando las circunstancias acompañan a favor y sobretodo cuando van en contra.

El mejor ejemplo, es el legado del Señor Jesús que no depende de un poder terrenal; sino justo del poder que ejerce para que todas las generaciones hasta hoy, como tu y yo, reconozcamos su poder sobrenatural para restaurar, movernos a cambiar lo malo y a mantenernos firmes en el bien, usando los dones y talentos que Dios nos concede. Recuerda lo que dice un libro de sabiduría en Proverbios:

¿Cuántas personas recuerdas con admiración y amor que no llegaron a ser presidentes de un país, pero que permanecen con el honor de su legado?

Si llegas a ser presidente de un país, una empresa o lograr el cargo más alto anhelado, que cuando termines tu período, tus obras hablen por ti y con seguridad te extrañarán. Mientras estés en el poder serás medido con mayor exigencia y sin él (poder), la evaluación más dura saldrá a la luz, por los mismos que te entregaron el poder.

No siempre los mejores serán presidentes, pero si llegas a serlo, recuerda estas enseñanzas que podemos aplicar del Señor Jesucristo:

  1. Buscar siempre todo lo que bueno, justo y correcto
  2. Por tus obras serás reconocido
  3. De la abundancia del corazón, habla tu boca

Nuestros pensamientos, obras y lo que hablamos muestran de quién o qué proviene la influencia en nuestras vidas.

La influencia de Dios en nuestra vida

Proverbios 18:21 RV 1960

Obra conforme lo que sale de tu boca para que tu poder sea respetado, no pases  vergüenza y te aplaudan con sinceridad y agradecimiento cuando termine tu periodo. De cualquier forma es el señor Jesús quien te evaluará, te conoce desde el vientre y sabe la dureza del camino recorrido, tu premio será mayor que ser presidente.

El señor Jesús es la prueba más fidedigna de los cambios que hacemos, cuando ves sus obras y legado; búscale si no le has conocido, no necesitas intermediario pero sí requiere determinación.

Por último, te invito a orar por los que han tenido el privilegio de estar o ser elegidos en cargos de alta responsabilidad, para que nuestro Poderoso Jesús perdone sus errores, pecados y les conceda la gracia, el favor, les llene de sabiduría y los reciba en su mesa, concediéndoles la vida eterna.

Te invito a leer La ruta hacia la idolatría, para discernir y evitar caer en el lado de los que idolatran o sentirse como un ídolo, ambas muy peligrosas.

Publicado por Zeneida S

Libre por la gracia y el amor de Dios.

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